Ser mariquita es pertenecer al grupo más abundante que hay sobre la Tierra: el de los escarabajos o coleópteros. Aunque no las veas, hay millones.
Una mariquita puede tener un millón de crías en su vida.
Estos ejércitos, rojos casi siempre, reclaman su dignidad de mayorías y ejercen
un control biológico de plagas rotundo.
En su lucha heroica por comer, también son comidas por
pájaros, libélulas y arañas, entre otros depredadores de estas diminutas joyas
voladoras, primas de las luciérnagas y que hacen parte de la poderosa familia
de los Coccinellidae, con unas 5.000 especies.
Las mariquitas también han rebasado límites y conquistado otros espacios, literalmente. En 1999 viajaron en la misión STS-93 del transbordador espacial Columbia, primera misión comandada por una mujer, la astronauta Eileen Collins.
Así que las mariquitas tienen recorrido. Siempre en
vuelo y trajeadas de pepas negras, nadie les niega que con sus fulgores
colorean el bosque de lo corriente.
¿A quién vas a intentar insultar diciéndole mariquita? Es un piropo. Y tal vez no lo merece.
Mariquitas y tortugas en plastilina 😎✌

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